¿Por qué es tan importante el carácter?

Un ingrediente esencial en el creyente es el carácter. Pero, ¿qué es? El carácter es la disposición para hacer lo correcto, ante los ojos de Dios, sin considerar el costo personal.

Tu carácter se exterioriza
Esto es especialmente evidente para las personas que te conocen, viven y trabajan contigo. Te guste o no, sea intencional o no, tu carácter está en exhibición. Realmente no es un secreto. Tu carácter se exterioriza debido al papel único e inevitable que desempeña en nuestra relación personal.

El carácter es el aceite del motor de nuestras relaciones.

¿Qué pasa cuando no hay carácter?
Por la falta de carácter, las personas se destruyen las unas a las otras, y en un momento dado la fricción de las diferencias es tal que las personas que parecían destinadas a estar juntas terminan destrozándose entre sí.

Si hay un déficit en el carácter, pagamos el precio en nuestras relaciones. El conflicto es inevitable en una comunidad, familia o negocio cuyo líder, a pesar de ser talentoso y carismático, no tiene carácter.

Una ventana en nuestro carácter
No existe una medida más precisa de nuestro carácter que la salud de nuestras relaciones. Las relaciones saludables y a largo plazo son la evidencia de la presencia de un carácter fuerte. Las relaciones cargadas de conflicto y a corto plazo son la evidencia de las deficiencias del carácter. Lo mismo se aplica a las relaciones cargadas de conflicto y a largo plazo.

La búsqueda del carácter implica preocuparnos por otros. Requiere que les sirvamos, no importa lo que nos cueste personalmente. Y cuando asumimos la responsabilidad de velar por los intereses de quienes nos rodean, esto tiene un efecto lubricante en nuestras interacciones.

El poder del trabajo en equipo
El proceso para desarrollar el carácter depende, en parte, de tu disposición para cooperar. Dios intenta vestirte con su carácter. Pero si tú no entiendes lo que él intenta lograr, o el por qué, probablemente tú harás que el proceso sea más difícil y lento.

Como un buen padre que es, Dios obra constantemente para moldear tu carácter. Él es implacable. Él te ama demasiado como para renunciar o rendirse. Desde el día en que tú naciste, esta ha sido Su prioridad para tu vida. Esta prioridad continuará hasta el momento en que tú des el último suspiro.

La agenda de Dios para ti es tu carácter. ¿Cuál es tu agenda para ti mismo? ¿Es tu prioridad similar a la de Dios? ¿O acaso alimentas con hipocresía tu relación con Dios al invitarlo a participar de tus decisiones solo cuando necesitas desesperadamente su ayuda o cuando esto encaja con tu estilo de vida?

Del libro "Las Acciones dicen Mucho Más que las Palabras", Andy Stanley.
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